Sombras del Pasado
Primer Capítulo


El agua era tibia y calma. El aire cuando salí de ella, cálido. La tierra bajo mis pies estaba caliente, y cuando llegué a la cúspide del breve islote, esa misma tierra se incendió, alzando un anillo de fuego a mi alrededor.

Desnudo y mojado respiré hondo, alzando el mentón, y aguardé.

En aquel lugar los elementos no podían hacerme daño.

En aquel lugar, los Guardianes me observaban.

Respiré hondo una, dos, tres veces, sin preocuparme por la oscuridad de la inmensa caverna, de las aguas calmas, el aire inmóvil o el fuego que me rodeaba.

Las llamas comenzaron a ondularse, la tierra a temblar bajo mis pies, el agua se enturbió y una ligera brisa me revolvió el pelo.

Inspiré profundamente, exhalé, inspiré…

Se oyó un chapoteo.

‹No te muevas›, ordenó una voz, no en mis oídos, sino en mi cabeza.

Fruncí el ceño pero permanecí inmóvil, porque no era cualquiera quien hablaba, sino que eran los Guardianes.

Los Guardianes estaban allí, conmigo.

Se oyó un nuevo chapoteo, y el trino del agua al correr.

La tierra vibró bajo mis pies con más fuerza, y empezó a oírse el desprendimiento de la roca, pero no temí.

Las llamas ondularon, y con un chispazo de ellas emergió una forma, una silueta ardiente que comenzó a alzarse, girando y girando a mi alrededor, levantándose en el aire.

El suelo se agrietó frente a mí. La tierra comenzó a abultarse, las rocas a desprenderse y crear otra forma, alargada, ascendente como un árbol…Pero no era un árbol.

El viento silbaba a mi alrededor, cada vez más fuerte, y yo permanecía inmóvil, negándome a dejar que me moviera.

No debía moverme.

Pronto fueron cuatro las siluetas que giraban en torno a mí: cuatro formas alargadas que volaban, se cruzaban entre ellas, ondulantes, y me observaban con diminutos y brillantes ojillos de pura luz.

Eran los cuatro Guardianes de Ihneas.

Contuve el aliento, sobrecogido.

Ya estaban allí.

‹No te muevas›, ordenaron los cuatro al mismo tiempo, sus voces resonando en mi cabeza.

—No lo haré —prometí a media voz, reverente.

Entonces el Guardián del Aire, formado de electricidad y de vientos difusos, se separó de los demás, y me embistió.

Con un jadeo me arqueé, asustado, pero su cuerpo inmaterial atravesó mi carne sin hacerme daño.

—¿Q…?

«No te muevas».

—No me… moveré.

Los cuatro giraban. Entonces el Guardián del agua se separó y me rodeó. Estaba preparado.

Me atravesó cerca del corazón, y en esta ocasión sentí un atisbo de dolor que no tenía que ver con mi cuerpo.

Me mantuve firme, jadeando.

Cerré los ojos para no verlos acercarse.

Y no los vi, pero los sentí.

Los cuatro Guardianes atravesaron mi cuerpo repetidas veces. Mi cuerpo…Y también mi alma.

La rozaron, la estudiaron, la entendieron, hasta la parte más íntima de mi ser.

Cada nueva caricia de la esencia divina dolía más que la anterior.

Apretaba los dientes y me clavaba las uñas en las palmas, soportándolo, soportando que me atravesaran, una y otra y otra vez, que tocaran lo que era sólo mío, mi esencia, mi centro, mi verdadero yo.

Entonces pararon.

‹Hemos decidido›, anunciaron a la vez. ‹Puedes abrir los ojos›.

Obedecí, y solté el aliento retenido.

Me dolían las mandíbulas y las palmas de mis manos, y me sentía tembloroso, como si tuviera los huesos hechos de manteca.

Los cuatro Guardianes, alargadas siluetas formadas con sus elementos, permanecían a mi alrededor, inmóviles. Me miraban con sus afilados ojos hechos de luz, serenos, lejanos.

‹Te hemos visto nacer y crecer›, dijeron al unísonos, cuatro voces intemporales, asexuales, cuatro voces que me estremecían por entero. ‹Te hemos visto madurar y, en tu caso, hemos estudiado tu pasado y tu presente. Sabemos lo que más anhelas, y te damos nuestra bendición para buscarlo›.

Sentí que el corazón me daba un vuelco.

—Gracias —musité—. Muchas gracias.

‹Ten cuidado, porque el camino que transitas es tortuoso. Ahora marcha, con la marca del fuego en tu alma, y vive como elijas vivir, nuestro nuevo hijo, Brannagh›.

Con mi nuevo poder, mi nuevo nombre, incliné la cabeza con reverencia, y pronto los cuatro Guardianes abandonaron la caverna para dejarme marchar…

Marchar, a la búsqueda de mi pasado.